jueves, 1 de noviembre de 2007

Pilar Rahola una visión

Pilar Rahola, filologa, periodista, escritora y feminista de las auténticas ha escrito un artículo lleno de sentido común que muchas "feministas" o más bien feminazis, deberían leer y meditar.

Quiero recordar que Pilar Rahola ha recibido el Premio Betera en Lilà, 2003, por su lucha a favor de la mujer.


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Su artículo:

Maltrato femenino a los hombres.

Asegura que todo empezó por un melón. Estaban casados, luchaban por tener un hijo que no llegaba, vivían sus peleas -demasiada suegra en su cocina...-, y disfrutaban de sus encuentros. Lo conocí en Els Matins, de TV-3, y a todos -desde Helena Garcia Melero, hasta Xiana Siccardi, pasando por el propio Josep Cuní- se nos quedó cara de cuadro. Sin ninguna duda, el hombre que nos relataba su odisea, que empezó con una pequeña discusión por un melón, y acabó con grilletes en comisaría, un juicio por maltrato y una absolución, era un hombre desconcertado y hasta derrotado. Ya no era un presunto maltratador, pero lo había sido durante más de un año, y el peso de esa culpa le había cambiado la vida, quizá para siempre.
Lo que más me sorprendió es que, a pesar de su odisea y de su inequívoca perplejidad, aún parecía enamorado de la mujer que no había vuelto a ver, desde que un melón, una suegra y una grave acusación se interpusieron en sus vidas. Con la absolución en el bolsillo, y la tranquilidad recuperada en el ánimo, nuestro invitado intentaba encontrar sentido a todo lo que le había ocurrido.
Por supuesto, si la anécdota no fuera el indicio de la categoría, no encontraría otra excusa que el pintoresquismo para relatar la historia. Pero, más allá de las muchas bromas que podemos hacer con la noticia, lo cierto es que son demasiadas, y muy serias, las voces que denuncian el abuso contra los hombres, que la nueva ley contra el maltrato puede representar. De entre todas, la juez decana de Barcelona, Maria Sanahuja, ha sido la más combativa.
El tema no es menor, y desde el rotundo compromiso con los derechos de la mujer, desde la convicción que es necesaria una ley integral contra la violencia de género, y desde la concienciación con una problemática que cada año mata a decenas de mujeres, desde todo ello, o precisamente por todo ello, los sectores más activos tenemos que hacernos algunas preguntas.

¿Es una ley completamente justa?
Si lo es, ¿se aplica con inteligencia?;
¿ha servido para frenar el maltrato a la mujer?;
¿hay mujeres que usan ese drama social para actuar malvadamente contra sus maridos?
Y la pregunta del millón: ¿la ley ha abierto la puerta al maltrato contra los hombres?

Es decir, ¿en la lucha por aplicar la justicia, hemos inventado otra forma de injusticia? Si ser preciso es necesario en todo cuadro argumental, serlo en este caso me parece una exigencia moral. No hablamos de una cuestión menor. La lacra social del maltrato a la mujer, derivada del paradigma cultural del dominio de la mujer, en la estructura patriarcal, ha dejado un lastre de dolor, humillación y violencia que ha arrastrado a centenares de mujeres al pozo negro de la desesperación.
No hace aún tanto tiempo, el maltrato podía formar parte de la lógica familiar, era considerada una cuestión íntima, y todas las mujeres golpeadas se habían caído por la escalera. Los abogados que luchaban contra la violencia de género se encontraban con policías, comisarías, leyes y tribunales que no entendían, no podían o no sabían combatirla. No olvidemos que no estábamos ante un delito, sino ante una falta.
Árdua y difícil fue la lucha, desde la mítica denuncia de Ana Orantes en televisión, para conseguir leyes contundentes, sensibilidad social y un compromiso colectivo que situara al maltratador en el lugar delictivo que le correspondía.
Pero, en el necesario camino hacia la plena garantía de los derechos de la mujer, ¿no habremos perdido algo por el camino? Quizá ecuanimidad, quizá prudencia. Sea como fuere, si es cierto que la ley permite la trampa malvada de castigar a un ex marido con falsas denuncias de maltrato, si lo es que las denunciantes no reciben castigo por la falsedad y si muchos hombres están sufriendo un nuevo tipo de acoso y ven sus derechos lesionados, entonces tenemos un serio problema.
La cuestión del maltrato es tan profunda, relevante y comprometida, que no puede ser, de ninguna manera, la puerta de entrada de otra forma de maltrato. Y si la ley no está bien ajustada, habrá que ajustarla, para que sea justa la ley.Creo, además, que esta sensibilidad, también a favor de los hombres maltratados -y una falsa denuncia es un serio maltrato-, tiene que partir de los sectores más sensibles y comprometidos con la mujer, precisamente porque su sensibilidad es mayor.
Nosotras, que sabemos por propia piel histórica lo que significa la discriminación legal, no podemos ser la excusa para discriminarlos a ellos. Es tan simple y... tan complejo como esto: si el feminismo crítico, inteligente y comprometido no lidera la lucha contra el abuso de la ley, todos los pata negra machistas, misóginos e irreductibles que quedan por las cavernas del país utilizarán dichos abusos para defender postulados de dominio.
Para muestra, el botón del libro El varón castrado, auténtico panegírico misógino, con la excusa de defender a los hombres falsamente acusados. Pero es que, además, la sensibilidad para con la mujer maltratada, necesariamente tiene que venir acompañada de una sensibilidad global, que incluye rechazo a la mentira, repudio al abuso y castigo para aquellos que lastiman a sus ex, lanzándoles tamaña falsedad.
Sí. Soy favorable a la ley. Pero soy igualmente favorable al castigo severo contra las denuncias falsas, porque hacen tanto daño a la pedagogía de la igualdad como el propio paradigma de dominio. No pueden quedar impunes.Soy una luchadora de los derechos de la mujer. Como tantas. Como miles. Precisamente por eso, me indigna y me duele que, en nombre de esa lucha, hoy existan hombres que sufren severamente.
La ley no se hizo para dirimir peleas de pareja, ni para castigar los amores fallidos, ni como ariete de venganza. La ley castiga un delito serio que mata decenas de mujeres. El resto pertenece al ámbito de la pelea civil, quizá de la miseria cotidiana, de los restos de los amores mal acabados. Usar el maltrato para venganza, abuso o presión económica es otro acto de maltrato. Y contra ese maltrato, tampoco podemos ser insensibles.

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PD: Negritas por fetish_femina

Suicidios de agresores de violencia doméstica

foto de Ivan Jurado Rivillas

El porcentaje de agresores que se suicidan tras matar a su pareja se redujo en España en el primer semestre del año del 25 al 10 por ciento, un dato que preocupa a algunos expertos puesto que la conducta tras los crímenes evidencia la percepción social que se tiene sobre la violencia de género.

En una entrevista con Efe, el forense y experto en violencia de género Miguel Lorente, director general de Asistencia Jurídica a las Víctimas de Violencia de la Consejería de Justicia, ha advertido sobre la importancia de las conductas que adoptan los agresores tras haber cometido un crimen de género.

En este sentido, ha señalado que cuanto mayor sea la percepción de que la sociedad está en contra de la violencia y de los violentos más serán los que eviten las agresiones.

De los que aún en esas circunstancias cometan los homicidios, los que están integrados socialmente y perciben el rechazo de sus elementos de apoyo, un número mayor intentará acabar con sus vidas para evitarlo, y menos serán los agresores que consideren que el homicidio de la mujer y su entrega voluntaria puede servir como un elemento reivindicativo y de refuerzo.

El suicidio, el intento de suicidio o la entrega voluntaria son comportamientos tras un homicidio que, pese a tener un origen común en el dominio y control de la mujer, tienen un 'significado diferente' en función de la percepción de los agresores ante su situación y su diferente grado de integración en su entorno cercano.

En España, desde el año 2004 el porcentaje de suicidios ha continuado con una tendencia creciente hasta alcanzar en 2006 el 25 por ciento y, por el contrario, el porcentaje de agresores homicidas que se entregan, no sólo no ha continuado con su descenso, sino que ha aumentado durante estos dos últimos años, del 12'7 a 16'4 por ciento en 2005, y de este porcentaje al 18'7 por ciento en 2006.

Según Lorente, autor de numerosas investigaciones sobre maltrato y asesor de varias Comisiones en el Congreso y el Senado sobre violencia de género, la evolución de estas conductas ha variado antes y después de la promulgación en 2004 de la Ley de Protección Integral contra la Violencia de Género.

De esta forma, ha observado que la Ley ha posibilitado un mayor 'posicionamiento crítico' frente a la violencia, que ha facilitado que los agresores perciban el rechazo de la sociedad y del entorno más cercano ante los crímenes cometidos, lo que se traduce en un aumento del número de suicidios.

No obstante, la 'escisión social' que ha aparecido alrededor de algunas de las medidas contempladas en la normativa ha sido utilizada para reforzar posiciones y argumentos justificativos de la violencia contra las mujeres, lo que no sólo no ha llevado a la disminución del número agresores que se entregaban voluntariamente, como ocurrió en 2004, sino que ha aumentado en los dos últimos años.

Al respecto, ha considerado que mientras que la sociedad avanza en una posición crítica a la violencia, la 'quiebra' en este posicionamiento ha sido utilizada por los agresores como una 'justificación moral', ya que al sentirse 'atacados' optan por responder 'de manera contundente'.

Según los datos recabados por este experto, el porcentaje de población 'sensibilizado' ante la violencia de género es muy bajo, no se modifica por la mayor o menor gravedad de sus manifestaciones y sólo experimentó una significa variación a partir de 2004.

via: actualidad.terra.es

pd: yo me pregunto, como una noticia el titular de la cual reza en 2007 se reducen los suicidios de agresores , durante su desarrollo nos explica como desde 2004 tras la aparición de la ley contra la violéncia de género el número de suicidios de agresores y de entregas voluntarias no ha hecho más que subir para acabar proclamando que el número de población "sensibilizada" es aún muy bajo.